Publicado el Martes 27 de octubre de 2015

Julio Castro – La República Cultural.es

Podría verse como algo desfasado, porque la sociedad de las nuevas tecnologías parece haberse convertido en una cuestión que nace y muere al instante siguiente, donde una imagen publicada ahora, no vale media hora más tarde, o un texto de este mes, puede arder al siguiente. Sin embargo, hablemos de lo que arde en el mundo. Y cuestiones como la que abarca Antonio Lozano en su literatura demuestran que no hay que olvidar, porque un pueblo entero puede verse sometido a la voluntad de otras naciones, o que quienes luchan por mejorar las condiciones de su país no tienen oportunidades. Sería condenar a la mayor parte del planeta a la esclavitud, la miseria, el hambre… que nos da de comer a una inmensa minoría.

He querido aprovechar la convocatoria electoral de un país de África como Burkina Faso, que, seguramente, llevará a un proceso nuevo y cercano a la democracia… o a más de lo mismo, para entrevistar a Antonio Lozano acerca de su novela El caso Sankara (2006), del que recientemente hablábamos en la revista. Algunas son cuestiones que siembran dudas dentro de la novela, y respecto a otras me parecía importante conocer su propuesta, partiendo de la idea de que el proceso de investigación le llevó a tener una experiencia de primera mano en el entorno del África francófona y, en particular, de Burkina y su área de influencias. Sencillamente, y aunque sea muy difícil, esperemos que regrese el “sankarismo”.

Hoy día, Burkina está a punto de tener la oportunidad de renacer de una dictadura impuesta por el poder de Europa, pero la convocatoria de elecciones ha llevado precisamente a un golpe de Estado. Hace unos años, Juan Margallo me invitó a los Encuentros en Montánchez que creó y organizó, y donde coincidí con este autor, aunque entonces hablábamos de su otra actividad, la de las Artes Escénicas. Pero recientemente, en el Salón Internacional del Libro Africano (SILA) en Tenerife, Tito Expósito me llamó la atención sobre la charla prevista acerca de la situación del país africano entroncando con su novela. Un gran acierto. El autor de la novela, que desde su thriller político quiso llamar la atención sobre un dirigente asesinado por sus ideas de libertad, ha seguido estos años lo que ocurre en su África natal, mientras daba a luz otras novelas que nunca cesan de señalar al continente que tiene apostado cerca, en la otra orilla. Puedo asegurar que en persona desata el interés y que en su literatura provoca saber más. Por eso hoy hablamos sobre Burkina Faso y sobre Thomas Sankara, pero en otro momento hablaremos de otros lugares y libros diferentes.

¿Por qué surge ese especial interés por lo que denominas “el caso Sankara”?

Oí hablar por primera vez de Thomas Sankara en Burkina Faso, hace unos 18 años. Lo que me contaron sobre él me despertó una gran curiosidad y al regresar busqué información. Me di cuenta de que no había absolutamente nada publicado sobre él en España, que nadie había oído hablar de él, así que busqué en Francia y allá sí encontré algunos libros. Fue todo un descubrimiento, el personaje me cautivó, también la experiencia política que había llevado a cabo entre 1983 y 1987. Decidí entonces escribir la novela El caso Sankara para aportar algún grano de arena en la tarea de dar a conocer al personaje en nuestro país.

Clasificas (o clasifican) tu novela en el género de “literatura negra” ¿no crees que es en gran medida novela histórica?

La novela tiene efectivamente elementos históricos rigurosos, pero una de las líneas narrativas, la del periodista que decide investigar sobre el asesinato de Sankara, es de pura ficción, con una trama negra. Por ello es difícil catalogarla como novela histórica.

¿En qué medida conoces de primera mano la situación de esa zona geopolítica del mundo?

Tras la publicación de la novela entré en contacto con el mundo del sankarismo dentro y fuera de Burkina Faso, y organicé en España algunas actividades encaminadas a difundir el conocimiento de su experiencia política, algunas de ellas incluso con uno de sus ministros, Fidèle Toé. Desde entonces pertenezco a un grupo de debate internacional coordinado por Bruno Jaffré, su biógrafo, en el que se encuentran los principales protagonistas del sankarismo actual en Burkina y en el mundo. Eso me permite estar muy al día de lo que ocurre en el país.

Cuando abordas en la última parte de la novela otros temas de la terrible realidad que rodea Burkina Faso ¿se debe a que has encontrado una posible relación directa? ¿apunta más bien a la denuncia de ese comercio/intervención criminal? ¿ambas cosas…?

Como comentaba, la investigación que lleva a cabo el periodista en la novela desemboca en una resolución de ficción, pero toda ella ha sido construida con elementos reales, desde los vínculos de Compaoré con el tráfico de diamantes hasta el número de matrícula del avión que aterriza en Burkina cargado de armas. Se tardará tiempo en conocer toda la verdad, porque Francia no está dispuesta a hacer públicos los archivos secretos sobre el caso, pero no sería de extrañar que más de un elemento entre los que aparecen en la novela tuviera que ver con lo que en realidad sucedió.

¿Cómo ves la situación actual en el caso de Burkina Faso, con la viveza y rapidez que ocurren los hechos casi treinta años más tarde?

Veo la situación con esperanza porque el fracaso del golpe de estado de Dienderé echa por tierra cualquier nueva intentona y acaba con las posibilidades de regreso de Compaoré, al tiempo que deja en entredicho las verdaderas intenciones de Francia. Todo queda pues en mano del pueblo burkinabé, que decidirá libremente sobre su futuro y que ha demostrado no estar dispuesto a volver al pasado reciente.

¿Atisbas algún tipo de futuro diferente para los países de África y para otros con situaciones cercanas y similares?

El panorama es sombrío porque los intereses de las potencias en África son numerosos y poderosos. Pero si algún camino hay para el continente, ese es el que acaba de señalar el pueblo de Burkina Faso, que ha sido capaz en un solo año de echar del poder a un dictador y de hacer fracasar una intentona golpista.

¿En qué medida marca tu vida y tu visión el magnicidio contra Sankara?

Tras el trabajo de documentación sobre Sankara y su proyecto político comprendí la razón por la que fuera de África es un gran desconocido: sigue siendo hoy un referente político absoluto y eso contradice la afirmación con que los países poderosos justifican su intervencionismo en el continente y que consiste en asegurar que los países africanos son capaces de salir de su eterna crisis por sí solos. Si algo me aporta el sankarismo en mi vida es la convicción de que en él se encuentra la vía para la liberación por parte de África del yugo neocolonial que atenaza su desarrollo, y que vale la pena trabajar por difundir ese referente.

¿Hay justicia de nuestro mundo rico y poderoso sobre el resto del planeta?

En las relaciones entre el mundo rico y el resto del planeta hay codicia, intereses económicos y políticos, doble moral, muerte, dolor… Todo eso y más, pero en ningún caso justicia.

¿Crees que nuestro país juega o puede jugar algún papel (positivo o negativo) por su proximidad geográfica al otro continente?

Los intereses de nuestro país en África en nada difieren de los de los demás países industrializados, por lo tanto poco hay que esperar de un vecino como este.

¿Sientes que el origen africano marca tu realidad, o te mueve más la proximidad de los oprimidos cuando escribes?

Ambos elementos se entremezclan en mí. Haber nacido en África y vivido allá casi treinta años, junto a mis viajes por África negra, me ha servido para sentir pasión por su gente y sus culturas. La indignación que me produce la sobreexplotación de África por parte del poder económico del planeta me incita a asomarme de modo crítico a través de mis novelas a su realidad.

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Antonio Lozano González (Tánger en 1956). Escritor. Licenciado en Traducción e Interpretación. Reside en Agüimes (Gran Canaria), municipio del que fue concejal de Cultura entre 1987 y 2003 y de donde es Hijo Adoptivo. Ha dirigido Festival del Sur-Encuentro Teatral Tres Continentes y el Festival Internacional de Narración Oral “Cuenta con Agüimes”.

Cuenta con diversos premios por sus publicaciones y los libros publicados hasta la fecha, son Harraga (2003), Las cenizas de Bagdad (2009), Donde mueren los ríos (2007), El caso Sankara (2006), Preludio para una muerte (2006), La sombra del minotauro (2011), Me llamo Suleimán (2014) y, la más reciente, Un largo sueño en Tánger (2015).

Su primera novela, Harraga (Zoela, 2002), fue elogiada por escritores como Manuel Vázquez Montalbán, Dulce Chacón y Fernando Marías. Ganadora del I Premio Novelpol a la mejor novela negra publicada en España, obtuvo una mención especial del Jurado del Premio Memorial Silverio Cañada 2003 a la mejor primera novela negra, convocado por la Semana Negra de Gijón. Su novela El caso Sankara (Almuzara, 2006), fue ganadora del I Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona. También ha publicado Preludio para una muerte (Ediciones B, 2006). Donde mueren los ríos, fue finalista del I Premio Brigada 21.

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